No existen registros que indiquen la presencia de un convento en el lugar, lo que sugiere que se trató únicamente de una casa de paso, utilizada temporalmente por los frailes en su labor evangelizadora. En la actualidad, lo único que permanece en pie es un templo construido con piedra caliza y cal, cuya estructura de mampostería refleja la sencillez y solidez de las edificaciones de la época.
La única vez que se menciona esta casa es en el acta capitular del 4 de enero de 1561, donde aparece bajo la advocación de San Juan Bautista. En ese documento se designa a fray Gonzalo Lucero como vicario, marcando así el inicio de su labor en la región. Más adelante, según relata Dávila Padilla, fray Gonzalo fue enviado a Mixtepec por orden del padre provincial. La situación en el pueblo era tensa: los nativos se habían alzado contra los frailes, y la convivencia se había vuelto insostenible. Ante este panorama, se confió a fray Gonzalo la delicada tarea de restablecer la paz, confiando en su temple y experiencia para calmar los ánimos y reconciliar a la comunidad con la presencia evangelizadora.