En Tamazulapan se conserva una notable arquitectura religiosa compuesta por un templo principal, un claustro dividido en niveles alto y bajo, un amplio atrio y una capilla dedicada al bautisterio. La construcción se realizó utilizando piedra caliza y cal, materiales comunes en la región, y se aplicó la técnica tradicional de mampostería, lo que le confiere solidez y una estética que ha perdurado a lo largo de los siglos.
En el corazón de la Mixteca Alta, entre montañas y caminos antiguos, se fundó uno de los conventos que marcarían la presencia dominica en la región. Fue en el capítulo celebrado el 15 de enero de 1558 cuando se aceptó oficialmente su establecimiento, bajo la advocación de Santo Domingo. Para guiar su vida espiritual, se nombró como vicario a fray Miguel Álvarez, quien asumió la responsabilidad de encaminar a la comunidad en sus primeros pasos. Sin embargo, al año siguiente, el convento adoptó una nueva advocación: la Natividad de María, reflejando quizás un cambio en las devociones locales o en la visión pastoral de sus fundadores.