En la actualidad, aún se conservan varios elementos del conjunto arquitectónico original: el templo principal, las capillas laterales, el bautisterio, la portería, un aljibe y la antigua huerta. Todos estos espacios fueron construidos con materiales propios de la región, lo que les confiere una identidad profundamente arraigada al entorno. La técnica predominante utilizada en su edificación fue la mampostería, reflejo del conocimiento constructivo de la época y de la adaptación a los recursos disponibles.
En el corazón de la Mixteca Alta, entre montañas y caminos de historia, se erige uno de los conventos que formaron parte del ambicioso proyecto evangelizador del siglo XVI. Su incorporación oficial se dio el 27 de septiembre de 1572, durante un capítulo en el que fue aceptado bajo la advocación del Apóstol Santiago, figura de gran relevancia para la orden. Sin embargo, el nombre de su primer vicario permanece en el misterio, pues los registros de asignaciones que podrían arrojar luz sobre su identidad no se encuentran disponibles para consulta.