Las únicas referencias que se conservan hablan de un templo de tres naves y un convento, ambos construidos en torno a un atrio de gran amplitud. Esta descripción fue realizada por fray Francisco de Burgoa en el año de 1628. Sin embargo, en la actualidad solo permanece en pie un templo, edificado con piedra caliza y cal, utilizando la técnica tradicional de mampostería, testimonio silencioso de una época pasada.
En el capítulo celebrado el 15 de enero de 1558, la casa recibió la advocación de Santo Domingo, y fue entonces cuando se nombró a fray Fernando Ortiz como su primer vicario. Años más tarde, en el capítulo del 21 de enero de 1564, se tomó una decisión significativa: la advocación fue cambiada, y desde ese momento, la casa quedó consagrada al Apóstol Santiago, marcando así una nueva etapa en su historia espiritual.