Hoy en día, solo se conserva el templo, construido con piedra caliza y cal, mediante la técnica tradicional de mampostería. Del antiguo convento, sin embargo, no se tiene registro claro sobre su destrucción, lo que deja un vacío en la memoria histórica del lugar.
En sus primeros años, esta casa estuvo bajo la tutela doctrinal del convento de Chila. Fue hasta el 27 de septiembre de 1576 cuando, en el capítulo correspondiente, se le reconoció oficialmente con la advocación de San Pedro y San Pablo. En ese mismo acto, se nombró a fray Fernando Ortiz como su primer vicario, marcando así el inicio de una nueva etapa en su historia religiosa.