Actualmente se conserva el templo junto con sus anexos, construidos con materiales propios de la región. El interior del templo destaca por su estructura de nervaduras, que le confiere una notable riqueza arquitectónica.
En el marco de la expansión evangelizadora del siglo XVI, este lugar aparece mencionado por primera vez en el capítulo celebrado el 8 de septiembre de 1550. Sin embargo, no fue sino hasta el 8 de febrero de 1552 que se le asignó un vicario, siendo designado para tal responsabilidad fray Fernando de Loyando. En sus inicios, la comunidad fue consagrada bajo la advocación de San Pedro, reflejo de la influencia apostólica en la región. Con el paso del tiempo, y en consonancia con el fortalecimiento del culto mariano, en el año de 1561 se adoptó la advocación de la Asunción de María. Ese mismo año, el sitio adquirió un significado aún más profundo al convertirse en el lugar de sepultura de fray Gonzalo Lucero, figura destacada en la labor misionera de la época.