Gonzalo Lucero:
En el año de 1535 se registra su presencia en Chila, donde desempeñó un papel fundamental como primer evangelizador y defensor de los pueblos originarios. Su labor pastoral incluyó la instauración de la devoción al Santísimo Sacramento, así como el establecimiento de vínculos de respeto y colaboración con la población mixteca. Para 1559 se le ubica en Tamazulapan, y dos años más tarde, en 1561, ejercía funciones como vicario en la localidad de Mixtepec. Durante su estancia en este último lugar, contrajo una enfermedad de gota que finalmente le provocó la muerte ese mismo año. Sus restos fueron trasladados posteriormente a Tlaxiaco, donde recibió sepultura.
Domingo de Santa María:
En el año de 1538, inició sus labores de predicación, siendo registrado ese mismo año en compañía de Lucero en la localidad de Chila, donde adquirió el conocimiento de la lengua mixteca. Ejerció el cargo de padre provincial en tres periodos distintos, correspondientes a los años 1547, 1556 y 1558. Durante su estancia en la región mixteca, promovió prácticas agrícolas innovadoras para la época, como la crianza de la grana cochinilla y el cultivo de la seda, contribuyendo significativamente al desarrollo económico local. Se distinguió por su firme defensa de los derechos de los pueblos originarios. Falleció en 1559, víctima de cáncer, en el convento de Santo Domingo de México, lugar donde también fue sepultado.
Francisco Marín:
La primera referencia documental sobre su presencia se remonta al año de 1538, cuando se le ubica en Chila. A partir de entonces, se le atribuye la dirección de importantes obras arquitectónicas y urbanísticas en la región mixteca, entre las que destacan la construcción de varios conventos, la capilla abierta de Coixtlahuaca, el trazado de calles en distintos asentamientos, así como la implementación de sistemas de riego destinados al cultivo en huertas. En 1555 se registra su actividad en Tonalá, y entre 1556 y 1558 ejerció como vicario del convento de Chila. Durante este último periodo, enfermó gravemente mientras se encontraba en la costa, lo que motivó su regreso a la Mixteca. En 1559 fue trasladado a la ciudad de Puebla y, posteriormente, al convento de México, donde falleció y fue sepultado.
Francisco de Alvarado:
En el año de 1592 se le documenta como vicario de Tamazulapan, cargo que desempeñaba al momento de publicar su obra titulada Vocabulario en lengua mixteca, contribución significativa al estudio y preservación de las lenguas indígenas del territorio novohispano.
Antonio de los Reyes:
En el año de 1589, se documenta su labor como vicario en la localidad de Coixtlahuaca. Posteriormente, en 1593, llevó a cabo la redacción del reconocido Diccionario del arte en lengua mixteca, obra de gran relevancia para los estudios lingüísticos y culturales de la región. Su vida concluyó en Teposcolula en el año 1603.
Francisco de Burgoa:
En el marco de sus investigaciones, se ha documentado su presencia en Tecomaxtlahuaca en el año de 1628, periodo durante el cual elaboró una descripción detallada del convento local, aportando valiosa información para el estudio histórico y arquitectónico de la región.